Realmente Marco tiene una paciencia enorme conmigo.
Tengo un mal hábito, de crear historias de la nada, de ponerme otra piel y vivir memorias inexistentes. Debo sentarme un dÃa y darles vida en papel, para que dejen de hacerme desastre el corazón y el pensamiento.
Esta vez me ha hecho temblar la piel, se ha colado por debajo de la puerta y me atrapo de espaldas. Me ha invitado pasear en bici y ver pelÃculas clásicas mientras enreda sus manos en mi cabello.
Se supone que es de esos amores de medio viaje, de mirarse en el tren tomarse las manos y agarrar en dirección contraria. Pero se ha ido quedando muy profundo, mientras juegan en la oscuridad a ser polvo de estrellas, besarse hasta que el sol salga y las ganas se sacien.
Ella solo quiere experimentar la libertad, quiere ver sus hoyuelos sin que mañana luego duela el recuerdo, y aunque sabe que ya está jodida se traga el corazón y pone espinas. Él quiere hacerse inolvidable, conquistar cada centÃmetro de su piel y atraparla en sus brazos para muchos viajes más.
Esta historia promete quedarse mucho rato en mi cabeza, arañarme las madrugadas, hacerme chillar por montón y quizás crecer un poco.
Se suma ella a mis protagonistas del club de los rotos, su libreta en mano, bien abrigada, y su coraza falsa de amor de a ratos.
Nota mental: Debo hacerme de paquetes de galleta pronto

